Me miro al espejo y no soy la de antes, no soy la misma, pero sobre todo, no soy como los demás. No sé si voy por detrás o por delante, sólo sé que no voy junto al resto. A veces me encantaría ser como ellos, camuflarme y no destacar, dejarme llevar y parar de replantearme tantas cosas a diario. Luego lo pienso de verdad, lo hablo con mi almohada, y llego a la conclusión de que no es tan malo ser distinta.
Discutir con todos por una causa justa (que al menos lo es para ti) no es fácil, y llegar a cambiar las cosas lo es menos todavía, pero si no lo intentas ahora, si ni si quiera sueñas con ello, ¿de qué sirve estar aquí?
Vivir como humano en una sociedad significa mucho más que las tres funciones vitales. Estamos hechos para lograr muchas más cosas, conseguir lo que nadie ha conseguido antes, llegar a la Luna, escribir la canción más bonita del mundo, hacer llorar a todos con una película o con un libro. Pero claro, para conseguir llegar a hacer eso hay que pensar, y pensar a lo grande, soñar, imaginar cómo hacerlo y, finalmente, luchar por hacerlo realidad. Siempre hay alguien que destaca en un grupo, alguien que decide ir por otra vía y termina logrando algo nuevo, ¿por qué no ser esa persona tú?
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