Estás sentado, esperándome. Móvil en mano, cascos en las orejas. Te miro y entonces es cuando me pregunto cuándo empezó todo esto. ¿Cuándo fue la primera vez que te miré y sentí esto por primera vez? No creo que haya una fecha exacta, sólo sé que ha pasado más de un año, y que en un año pasan muchas cosas. En un año podría haber cambiado mi forma de mirarte, o podría haberme acostumbrado a la forma en que pronuncias mi nombre. Pero lo extraño es que no es así.
Sé que algún día volverá a cambiar y hay algo de lo que estoy muy segura: ese cambio será el último. También sé que nos echaremos de menos, que recordaremos todo esto, y que nos seguiremos queriendo porque, al fin y al cabo, el amor no muere, sólo cambia de lugar en la memoria.